lunes, 20 de diciembre de 2010

Era como entrar a un laberinto hecho de palabras, las cuales se intercambiaban letras entre ellas para destacar, para tratar de ser distintas. Pero ¿ qué era realmente lo distinto?, ¿ cuál se supone que era la perfecta combinación que te hiciera diferente y a la vez distinto?.


Suelo hacerme millones de preguntas al momento de escribir. Aún no encuentro a ese alguien, por mucho que algunos se molesten, que entienda realmente todo lo que me interroga, todo lo que cuestiono. No siento que haya nadie, aún, con la suficiente paciencia para ecuchar sobre mí las mil y un cosas que no puedo entender.
Nunca escribo para un alguien, tampoco lo hago para mí. Simplemente me nace. No tengo claro si alguna vez podría vivir de esto, si es que podría llenar tanto mis pulmones como mi estómago con este arte que me desata y a la vez me amarra a estar horas y horas pensando en si debiera arriesgarme o no.
Al final, las respuestas son muchas y siempre concluyo que la recompensa es lo que menos interesa. Hacer o no hacerlo, ir o no ir por un bien único y mío.
Mi propia industrialización me aterra, pero de todas formas me llama. Me impresiono cada día más de mí, lo que no significa que mi ego crezca con eso, sino que al contrario, es peor. Son demasiados los sueños que tengo. Algunos más pequeños que otros y todos por querer cumplirse. Hace un tiempo aprendí que el conectivo "demasiado" es en función del "pese a que" , por lo tanto, apela a lo que no es bueno, mas no siempre a lo malo. ¿Qué es lo genial de eso? . Que se que cada vez que me proponga algo, que tenga un sueño, por más vallas que existan, siempre puedo encontrar el camino para seguir.
Soy una persona de y con convicciones y me siento orgullosa de eso. Orgullo que he ido creando con el tiempo, orgullo que aprendí a cultivar, pero que sin embargo, viene de la mano al rencor a veces, aunque no quiera. Pero todo es controlable, por sobretodo, nada es imposible.
Si algo aprendí de esa mujer que duerme en la habitación de al lado y que me enseñó a ser, me enseñó a vivir y me sigue enseñando en la vida, es que las cosas pueden ser muy difíciles y se ven imposible, pero es una vista ciega. Uno ve sólo lo que quiere ver y se guía por sólo lo que le conviene,pero a veces las mejores decisiones no son las más acertadas.